domingo, 16 de marzo de 2008

En el Taller pasan cosas...



El joven entró al taller cerca de las 6 de la tarde. Ahí se dedicaban a la serigrafía y como sus dueños se habían ido de vacaciones le dejaron al chico la responsabilidad del lugar.
El joven pensó en tomarse el día y empezar a trabajar en el turno noche. Solo por esta vez. No le pareció mala idea al principio.
Dejó la bicicleta en el fondo y se dirigió a la cocina. Ahí se preparo una taza de café y minutos después, comenzó con su trabajo.
Tenía que terminar unos acrílicos para el miércoles y no estaba seguro si lo lograría.
…basta de días sin dormir… se dijo a si mismo.

Lentamente comenzó a pulir esos malditos acrílicos de mierda y las horas fueron pasando para el joven hasta que en un momento cerca de la medianoche, las agujas parecieron retroceder…y de repente,…el tiempo se detuvo.
No hubo ruidos de nada. No se escuchaba absolutamente nada. El reloj se detuvo a las tres de la madrugada.
Una extraña sensación surgió dentro de él. No sabía bien que era, pero lo sentía en sus venas. Lo sentía correr en su sangre y lo presentía a cada latido.
Hubo un silencio aterrador dentro de ese taller, y a pesar de ello, el joven creyó escuchar risas de niños en el cuarto de impresión.
Un nudo en la garganta del joven lo atornillo a la mesa dejando correr una gota de sudor frío por su frente.

…no, no… debe ser… ¿la radio?..., Se dijo así mismo y otra vez esa risa cínica y diabólica de un niño.

El completo silencio reinó dentro de su alma y las imágenes comenzaron a surgir dentro de su cabeza, como una cinta de película de terror.
Se le puso la piel de gallina y un escalofrío sacudió su cuerpo en cuestión de segundos. ¡Estaba solo en ese lugar macabro! Y los fantasmas imaginarios atormentaban una y otra vez su mente, congelando inexorablemente su corazón.

Una sombra pequeña se movió dentro del cuarto…

…ven... ven con nosotros…hace frío aquí…

Cuándo las luces empezaron a titilar, comenzó a buscar una linterna por si existiera la posibilidad de un apagón.
Había encontrado la linterna en el escritorio de la computadora numero dos, y por un momento creyó tener a alguien parado detrás suyo mirándolo…; una sombra negra sin ojos y casi sin forma corpórea; observándolo…acechándolo…
La luz se apagó.
El miedo se apoderó de él como un puñal deslizándose y cortando piel, carne y órganos internos; Dejando salir sangre a borbotones y emergiendo un sonido infrahumano de dolor y sufrimiento.
Dio la vuelta para dirigirse al cuarto de impresión, pero se detuvo después de tres pasos. Vaciló y luego emprendió su camino rumbo al mismo.
Fue despacio y sigilosamente, sabiendo que era peor y que era mejor afrontar sus miedos de una sola vez y lo más rápido posible. Sin embargo no lo pudo hacer.
Alumbro dentro del cuarto pero no había nada, solo latas de pintura y cajas.
Otra vez esa risita escalofriante del infierno. Esta vez de una niña. El joven Alzó su mano temblorosa hacia el interruptor de luz y cuándo su dedo índice izquierdo se apoyó sobre el mismo,... una manito helada, huesuda y espeluznante lo tomo de su mano congelando su piel y su brazo, haciendo que una avalancha de espanto abrazara el músculo perfecto y solitario de su cálido corazón.
Escalofriantemente sintió que su rostro se contraía al igual que su cuero cabelludo.

…ven… ven con nosotros…

De un golpe soltó su mano y en un descuido se le cayó la linterna al suelo… una sombra pequeña y escuálida se acercó al borde de la puerta y lo único que atinó a hacer fue correr hacia la puerta de salida y escapar.
Cuándo abrió bruscamente la puerta de salida, una luz brillante y fugaz apaleó su frente y sus ojos, tropezando con alguien.
Su madre estaba parada frente a él y sus ojos de asombro y de incomprensión no dejaban de ver el rostro y el pelo de su hijo…

- ¿Hijo que te pasó?
- ¿Mamaaá?... no entien...do…, había...algo… ¿es de día?..¿Que...?

FIN

domingo, 2 de diciembre de 2007

El Camino

El camino, desfigurado pero al mismo tiempo, intacto. La soledad deambula por estos rincones del Dique Luján, buscando almas donde descansar. Buscando esa soledad, me sumergí en ese camino tratando de encontrarla para abrazarla y nunca más soltarla. Cuándo la encontré, también descubrí esa paz que muy rara vez se encuentra y en la que no existe en la ciudad. Esa paz inundo mi alma y mi espíritu y lleno de aire mis pulmones.
Esos caminos que quizás no lleguen a ningún lugar son los que hay que transitar por es en esos caminos donde uno puede hallar su propio destino y su propio camino.
Dique Luján es un pueblo más que nada. De esos que salen en la televisión, donde hay todavía la clásica almacén de pueblo y donde no llego el supermercado chino. Esta esa sensación de viaje al tiempo, hacia 1954 mas o menos. Dique Luján es polvoriento, campestre y lleno de vegetación. Esta la parada de colectivo, y personajes que esperan pacientes la llegada del mismo sin la menor desesperación que hay en la ciudad. Casas abandonadas, arrojos, puentes barcos abandonados, ese perro que te sigue en el sendero de tierra, el desvío y la escuelita.
Esta foto es del camino de las vías muertas, donde una vez paso un tren y donde ya no quedan rastros de las vías, solamente se las recuerda con el nombre susurrado al viento.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Mi Pequeña Muerte

Mi Pequeña muerte se entiende como una fase recapitulizada de una vida singular, un tanto melancólica, pesimista y con pizcas de humor.
Grandes desperdicios de un sesto de basura inmejorables y sin posibilidad de reciclar, son elementos de un ensalada de sensasiones inefables, cósmicas, intangibles y con demasiadas gotas de vinagre.
Una frase del disco que lleva el nombre del título deja la huella marcada de un final abierto, aireado y con chances de una secuela: "soy feliz, deje las balas dentro tuyo" (el cazador.


"Vivir juntos, morir solos"

Lost

lunes, 12 de noviembre de 2007

El Segundo Compartimiento

Cada vez que camino por el cementerio, aquel viejo cementerio abandonado desde hace 100 años, veo las lápidas gastadas por los años, llenas de hongos verduscos y cubiertas por maleza seca carcomidas por la escasa agua vital. Si, el viejo cementerio era un lugar aterrador y tan romántico a la vez, que lograba producir en mí, un sentimiento tan antiguo que nunca pude explicar.
Estaba ubicado en mis sueños, en mis más remotos lugares de la mente, donde lo real se confunde con la fantasía y se bifurca en las pesadillas. Todo, absolutamente todo era una pesadilla.
El camino de piedra que seguía a través de las tumbas, daba a las bóvedas de familiares extintos desde hace más de 100 años. Todas las bóvedas estaban profanadas por las raíces de los grandes árboles que crecieron junto a ellas y que las ocultaban como si quisieran abrazar a los muertos. Daba una impresión tan siniestra que me producía un efecto de éxtasis y me colmaba el alma en cuestión de segundos.
Era una calle que estaba a la izquierda del camino. Si uno venía caminado por la entrada principal por supuesto. Esa calle estaba llena de esas bóvedas, y parecía una ciudad fantasmal, quieta… silenciosa.
Esa calle me llamó la impresión la primera vez que visite a los muertos en este descanso. Pero nunca caminé por ella hasta hoy. Quizás fue el olor a pasto seco, a hierba o solo el sonido que hacían los grillos a esta hora. No lo se realmente.
Me dispuse a pasear por ella y así fue. Observé los vidrios de las puertas de las bóvedas. En algunas tenían vitrales opacados por la tierra de los años, mientras que en otros simplemente tenían vidrios normales también llenos de mugre y ramas de enredaderas maliciosas. Todo era un cuadro pintado al óleo completamente parco y marchito.
De pronto, de entre los pastos salío un sapo gigantesco haciendo saltos por el camino. Habrá hecho tres o cuatro saltos y se ocultó detrás de una bóveda al otro lado del camino.
Despertó mi curiosidad y traté de alcanzarlo pero al llegar al lugar donde lo había visto por última vez, ya había desaparecido.
Que extraño pensé, otro errante estaba al igual que yo, paseando por estos rincones tan tranquilos como la noche en un campo desolado y oscuro. Me identifique de inmediato con el extraño sapo saltarín que se me había cruzado.
Seguí con el paseo olvidándome del sapo y tratando de despejarme un poco. Esas voces que escucho me estaban matando ahí en mi habitación, pero de las voces voy a hablar mas adelante.
Las bóvedas estaban una al lado de la otra, solo un pequeño pasillo las separaba como para pasar al otro lado de la calle, que daba con más bóvedas abandonadas por el tiempo. Todo ello estaba en un tono parco, con tonalidades grises y verduscas. El musgo dominaba el concreto de una forma parasitaria.
Miré atentamente una bóveda que estaba casi destruida. La parte izquierda de la entrada estaba atravesada por el tronco de un árbol que de seguro cayó a causa de un rayo tal vez o simplemente fue un árbol que se pudrió y se desplomo sin remedio. La puerta estaba semi-abierta, en la parte superior estaba doblada y dejaba ver dentro un ataúd de color madera, tirado en el suelo carcomido y lleno de tierra. Me asomé dentro de la bóveda y sentí un olor extraño, entre humedad y manteca rancia. Di un paso hacia atrás y me tapé la nariz con la manga de mi campera. Las cosas mas espeluznantes ocurren de noche, ¿vida después de la muerte? O fantasmas después de la muerte quizás…
Algunas religiones o creencias atestiguan que el espíritu de un muerto sigue presente por algunos días en los lugares donde fue mortal. Sigue presente en nuestra casa, en nuestra mesa, en nuestro living etcétera. De hecho Jesús cuándo fue crucificado, después de morir, al tercer día resucito y estuvo entre los vivos por algunos días, creo que fueron 40 días pero no se realmente. Pero ¿que pasa si no es así y solo deambulan por estos lugares para siempre?, un escalofrío me sorprendió y me di vuelta como si fuera un reflejo innato. No había nadie.
El día era de un gris uniforme, el cielo se nubló y el sol se había ocultado desde hace unos minutos, dejando a la oscuridad apoderarse del cementerio. Lentamente, la hora de los muertos comenzaba. Era la hora de levantarse del sueño eterno y salir a caminar como un ser vivo, como era antes de pasar al plano inmortal. Como era hace 20 años o más.
Las ratas empezaron a chillar y a sentirse dentro de las bóvedas. Por dios, ¡había mas criaturas en este sitio!, las cucarachas corrían por entre mis pies, negras… muy negras las malditas. El canto de las ranas y de los grillos daba el inicio de la orquesta macabra de la muerte. Los muertos empezaban a levantarse.
Pude percibir el ruido de la madera crujir dentro de una bóveda, pero no me atreví a espiar por la ventana de la puerta. La madera humedecida, putrefacta y maloliente daba un gemido de dolor que me causaba escalofríos. Tenía que salir de ahí de inmediato. Volví para atrás, hacia el camino principal para poder escapar de este lugar. Corrí lo más rápido que pude sin mirar atrás a pesar de sentir los pasos torpes de los difuntos.
Miré de reojo a las tumbas que yacían a un costado y divisé que algo quería salir de la tierra. El olor a inmundicia y a tierra húmeda era insoportable, un olor denso, pesado lleno de porquerías entró por la nariz hasta llegar a los pulmones. Creo que era el olor de la muerte, de la podredumbre.
Llegué a la entrada y abrí la puerta de rejas oxidada, un chillido se extendió hasta el cielo y salí de ahí lo más rápido que pude. Dejé atrás a los muertos vivientes y a todo el cementerio abandonado para regresar a mi mundo natal, a donde irónicamente vivo mi vida, a donde están mis amigos, mi familia, a donde está mi tiempo. Adonde pertenezco.
Más adelante, en otro momento volveré al viejo cementerio donde encuentro paz durante el día, pero donde mi imaginación se vuelve realidad durante la noche. No puedo jugarme a pasar la noche ahí y fingir que no vuelvan a resucitar los muertos, porque puede pasar o no, pero no tengo motivos suficientes para intentarlo.

La oscuridad lo cubría todo, la ciudad no es la misma en la noche. Es todo diferente, todo se vuelve distinto. Es una visión distorsionada de la realidad, del mundo en que vivimos durante el día.
Durante el día se ven ciertas cosas que en la noche no. La tranquilidad, que es un fenómeno increíble, la paz que existe en la noche es casi tangible. No hay nadie caminando por las calles, ni autos haciendo ruido con sus caños de escape, ni bocinazos ni gente gritando ni nada por el estilo. Solo están las almas perdidas deambulando por las veredas y los fantasmas parados en una esquina hablando de cosas que ocurrieron cuándo estaban vivos. Todo ese tipo de cosas. Todo es un sueño cuándo cae la oscuridad, todo se vuelve irreal.
Aunque cabe destacar que hay personas que hacen su vida durante la noche, por ejemplo existen trabajos que te hacen llevar esa vida nocturna, solitaria, oscura. Los guardias de seguridad de alguna fábrica vacía, de algún edificio o de una garita tal vez.
Los que trabajan en un Kiosco las 24hs del día, incluye también el turno noche. Los médicos de urgencia, las guardias de los hospitales, los remiseros, los empleados de algún que otro bar de mala muerte, los taxistas, colectiveros, los farmacéuticos de las 24 horas… etc.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Aquel lugar

Adonde van cuándo se sienten solos? cuándo se sienten tristes? o cuándo se sienten felices?.
¿Que lugar escondido tienen cuándo se quieren escapar de todo, para estar consigo mismosy reflexionar sobre las cosas?Yo tengo un lugar en Ramos Mejía, donde nadie puede encontrarme, donde convive la naturaleza, las vías muertas y la soledad.
Los silencios mas oscuros, los ruidos mas molestos, la soledad mas gratificante, mi amiga hablando por telefono con su voz placentera, el espacio infinito, los autos pasar, la estación de tren abandonada y la musica de mis letras.

lunes, 29 de octubre de 2007

Señales

No se porque a veces no abro los ojos y miro a mi alrededor, si todo esta ahí para mi, tangible, perceptible y cósmico. Quizás lo este haciendo en este momento, quizás siempre lo hice en realidad. Podría ser así.
En que laberinto me metí por dios! Pero todos tienen a veces esa sensación de estar atrapados sin encontrar una mejor salida, porque siempre las hay más accesibles. Por suerte yo la encontré, aquella salida difícil y logre escapar del laberinto del Minotauro o del Fauno o como quieran llamarlo.
No sabría decir todo lo que me estoy dando cuenta en este momento de mi vida. Todas las histerias, todas las neurosis, todas las psicosis, todos los juegos perversos, todas esas cosas ajenas a mi.
Porque siempre que el auto se detiene o cuándo se revienta un neumático en plena carretera perdida, esas que transitamos en ocasiones, nunca hay un teléfono o una gasolinera abierta y cuándo queremos llamar para pedir ayuda con nuestros celulares nunca hay señal. Quizás lo que Habría que hacer es empezar a caminar en vez de mirar todas cosas jodidas que hay alrededor.

sábado, 27 de octubre de 2007

Ramos


Refugiado en una casona vieja de Ramos Mejía, me encuentro escribiendo un libro Perdido, y paseando por el camino al costado de las vías de un viejo tren. El lugar es un santuario para mi, con una estación cósmica, pequeña y casi abandonada, como de una película de horror al estilo Wes Craven, con un asesino persiguiendo a Jóvenes adolescentes borrachas y donde la sangre parece ser el fetiche de este género de películas. Aqui me encuentro, con una depresión casi disipada pero desconfiada, una angustia tolerable, con el entusiasmo de crear montruos de epoxy, y las ganas de volver a empezar.
Parece ser que este es el lugar que estaba buscando, lejos de todo lamentablemente pero con una tranquilidad específica que convive con mi alma.
Estoy en plena metamorfosis espiritual....cambios, mutando la piel, reviviendo el pasado para entender el presente, buscando pistas y huellas en cajones,cajas, bolsas, armarios,sótanos, altillos, placares, baúles, ataudes, en lugares secretos, detrás de las paredes, bajo el piso de madera, bajo la tierra, y en mi interior por supuesto.

Dejo un abrazo a quién por ciertas razones de la vida, se toparon con este camino y leyeron estas lineas.